No hay razón para esconderse. rige un sol negro, clarín entona sin miedo, su aire sin fin, dime que empieza y no termina, tu velo, pieza de cielo a tierra, vuelo de pañuelo o agua azul mi llanto. Arrancara al pájaro su lira que valiente entona su música apenas sones, en profundidad de noche joven, corazón mío, de redonda simetría, derecho que su latir motiva, vida, verdad que guía altísimo sueño, en hondo pensamiento, alma mía ya siente alzarse fino hueso a firmamento. ¡Oh, de alma acompañada! Cerca de dioses y algún hada verde, otoño crecido, no soy olvido, recuerdos fueran dolor en boca, mirad de corazón en terneza sembrado, el primer sueño apenas vencido, suspiro interno suave silencio helado de la fuente en luz asidos a un amor claro, oscuro y eterno, blanco musgo, donde el beso impera, como beso alado, ahincas la varia estrella, despertando fauces que colores. Förüq castellano Miguel Esteban
Anochece de aquel otoño seco aún conservo hojas miré detrás del espejo, me contestó el otro lado, quién es ese hombre me mira qué pretende de mí, veo colores en el cielo nada atruena mi visión, qué esperanza vive en mí, que sueño rebrota por realizar, justo en oscuridad de mi cuarto donde todo comienza, he intentado tocar su mano, escapó sin permiso mi soledad, apenas treinta y siete primaveras gastadas, rasguñé la templanza del hielo, y su silente llanto, ella viene, cual criatura enmascarada noche al trémulo desvoz de alas rotas, afina su voz para traspasar corazas infinita y emblema capaz, el cielo y sus noches de amor, qué anhelos ahogas por dentro, cuáles sortilegios sellan tu alma, por querer quise ser pero soy el que nunca serás porque siempre has sido yo mismo, el que mueve el bolígrafo aún golpee el ánimo estertor y la princesa tu castillo se encuentre de uñas, qué interés riegan tus venas, qué luna te guarda caricia, escribir lo haré hasta mi letra sea gloriosa ca...