Piedra hundida mi camino, que te veo, de huella azur, aire hendido sosteniendo gráciles alas plantas peleaban entre reino mineral, mientras el basalto deslizaba la aflicción de lava fundida, fuego elemento hermético, dador de virtud destructora agua solidificas hasta el humilde canto, luna asoma que retorna a las pupilas. Prendiendo la noche toda maullidos, lo que tuve casi trasparente, capaz humedecer los muros a mirada tierna. Grietas en lluvia y manos conteniendo un pulso de arena, Mar en ojos que celestes rompen nubes, alegría que envejece al amor carne es espada, y desnudez precepto, que hinca las espuelas la bestia. Tren de caricias que en mí se inmola, herraje a la estación de origen, el silencio es granate cuchillo de los besos, cicatriz larga, nave y naufragio, sí creo en los ángeles, noche de luz apagada, dolor, grito de muerte insomne. Cáliz que caben poso, y fondo de luz espiral, que el hombre es el cuchillo, luz es cuestionamiento, y ponzoña riega mis páginas, ...
No hay razón para esconderse. rige un sol negro, clarín entona sin miedo, su aire sin fin, dime que empieza y no termina, tu velo, pieza de cielo a tierra, vuelo de pañuelo o agua azul mi llanto. Arrancara al pájaro su lira que valiente entona su música apenas sones, en profundidad de noche joven, corazón mío, de redonda simetría, derecho que su latir motiva, vida, verdad que guía altísimo sueño, en hondo pensamiento, alma mía ya siente alzarse fino hueso a firmamento. ¡Oh, de alma acompañada! Cerca de dioses y algún hada verde, otoño crecido, no soy olvido, recuerdos fueran dolor en boca, mirad de corazón en terneza sembrado, el primer sueño apenas vencido, suspiro interno suave silencio helado de la fuente en luz asidos a un amor claro, oscuro y eterno, blanco musgo, donde el beso impera, como beso alado, ahincas la varia estrella, despertando fauces que colores. Förüq castellano Miguel Esteban