Había una vez una niña rendida y afligida, apenada y castigada por sus errores. La castigaron encerrándola en la torre del castillo (como pasa en todos los cuentos). Custodiada por un dragón gigante de los que echan fuego por la boca. La niña pasaba sus días asomada por los barrotes de la torre. Pero un día... ¡Dios que ven mis ojos! Era un príncipe montado en un caballo blanco que acababa de matar al dichoso dragón. El valiente príncipe tre- pó hasta los barrotes y la niña afligida tuvo por un instante la sen- sación de enamoramien- to y libertad. Soñó con que este príncipe la acariciaría toda la vida y la rozaría con esos la- bios que tenía para siem- pre, pero al abrir la ventana para sacar a la niña, apareció su prince- sa y le llamó Esteban, Este- ban y del susto cayó al agua que rodeaba el castillo y volvió a su vida con su prin- cesa tuvo miedo de la niña afligida. Que seas muy feliz te quiere María.
En la soledad de mi cuarto, son tus recuerdos los que me hieren, pensando en tus labios, los míos tiemblan, hierven... Es tu figura en la penumbra, la que provocarme quiere, se hace intenso el calor, y tú más me aumentas mi fiebre. Abrazo mi almohada llorando, porque sé que estás ausente, y que no podré abrazarte, por más que lo desee. 2008 He acabado Ahora estoy solo aquí en mi habitación dando vueltas a todo lo ocurrido en mi interior y solo veo decepción y dolor solo veo dolor Ahora estoy solo en mi habitación pensando en el amor. Solo salen lágrimas de sangre con ardor ha estallado mi corazón ahora estoy solo aquí en mi habitación y tú no estás alrededor. Esteban el castellano