Deshonesto habla, servil de gozo traspuesto a los fuegos del hombre que te improvisan, promesa iridiscente del tacto despierto en la consonancia las emociones llegado para operar el bendito amarre de llave y cerrojo promesa Desplegar telúrica potencia las nueve llaves poseo cierva blanca Mi cierva fada, Señora hada, dueña las profundidades la obscura concordia, por tu abrazo que abro cielo terreno Y mea ánima te exuda el son de mi agua misteriosa rienda deber de difundir contigo mi compañera la quinta potencia Quinto Elemento Belleza, magia en poesía sentir ancestral y primigenia toda aura viva del Reino desposeer rige Y emite mi amor verdadero genuino por ti que si fuese prenda Te prendaria simiente en tu divino vientre de estrella Abierto el tercer cerrojillo de bronce Oh la Tierra, Soy de ella entre fuego y acero juré. Tú felicidad será la mía. Y así será en mi gloria y honor por tu amor no voy...
Había una vez una niña rendida y afligida, apenada y castigada por sus errores. La castigaron encerrándola en la torre del castillo (como pasa en todos los cuentos). Custodiada por un dragón gigante de los que echan fuego por la boca. La niña pasaba sus días asomada por los barrotes de la torre. Pero un día... ¡Dios que ven mis ojos! Era un príncipe montado en un caballo blanco que acababa de matar al dichoso dragón. El valiente príncipe tre- pó hasta los barrotes y la niña afligida tuvo por un instante la sen- sación de enamoramien- to y libertad. Soñó con que este príncipe la acariciaría toda la vida y la rozaría con esos la- bios que tenía para siem- pre, pero al abrir la ventana para sacar a la niña, apareció su prince- sa y le llamó Esteban, Este- ban y del susto cayó al agua que rodeaba el castillo y volvió a su vida con su prin- cesa tuvo miedo de la niña afligida. Que seas muy feliz te quiere María.