I hoja
Zigzaguea me confín
por un sinfín de brumas verdes
se abre paso entre un cielo
de zinc y yodoformo letal,
golondrinas que revolotean y sobrevuelan
mi miedo quedó silente de otros lares
y ceñidas pesquisas como un
languido gris que entona su
cizaña primaveral,
duerme la sombra sobre un azur Clarín,
bajo la torre
estira su cuerda el grillo,
el vientre toda Honda mueve,
y estridente afila al cable
de telégrafo sobre el poste de pino yerto,
a grave laud blande nota la chicharra
estridente, como un recto horizonte
suena el su azul violín.
II HOJA
Ya suenan los áureos clarines
de la tarde, sin revuelos
ni zozobras expone la vastedad
uniforme es una gloria acechante
el ruido de un sol onírico
y tangible como se saborea
un dulce abrojo al pisarlo,
armas se blanden como repiqueteos
de tambor y tamborileos
entre timbaleros este cobre y hierro
inunda el sentido entre la flor de
muerto y umbral flamígero
había un charco de vívido y reflejo
herida la tierra
casi ahogaba toda miseria,
ni todas trompas de Babilonia
cubrir podría mi dicha sempiterna.
III HOJA
Era mi espada cual reflejo de nueva Minerva.
azuzada de negrura en noche ,
venía cortejando
los azores rendían pleito de
robusta ala,
mi honor herido no bastaba
Para no entregarme a
dulce pleitesía me escalaba,
lanceros clavaban ya sus picas,
y los nobles laureles
embebían su honroso gesto,
el rostro su rosa hacía en mí
beldad y Lauro romo metal
de vieja espada,
redaba ella los carmines
crean la vieja tierra,
bella mujer a ella chirría mi cálido coro,
de Luna, de fiereza, de mar.
Esteban el castellano Miguel Esteban Martínez García
El inocente
A veinticinco junio 2026








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