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Recuerdo

 















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Carl Orff - O Fortuna. Carmina Burana (letra original en latín y traducc...

Ignis delectó

   Tu voz: Eres fuego en el agua, eres luz en la noche, calor en mi alma de hielo, amor en mi mundo de ilusiones en viento, bésame al final de este deseo de chincharte, acaríciame con tus labios, el mordisquito en la oreja, el susurro en el cuello, noche de eco entre imágenes, pupilas mirando pilares al cielo, entre verde y violeta de árboles, ojos de gato, tu gemido, tímido y feroz, tu voz. Entre fuerza y coraje saca su garra al tiempo, lo efímero del segundo al pasar del minuto, la seda del sentimiento, en su carita del beso, el piropo y su carmín el despertar de su recuerdo, acariciando su pelo siendo sus ojos, siendo su boca, siento sus nervios, me atrapan enredándose contigo, el momento que dejó el silencio, el tímido beso con fuego en el interior, su dulce sabor. Mariposas recorriendo cada paraje de la piel. Tú y yo solos los dos, tiempo de infinito, sensible el instinto, se sirve de tu aliento, crea mi armonía, cada caricia te hace real. Sostén mi placer cada anochecer,...

CATEDRAL DEL LABERINTO ESMERALDA (Máquina de escribir) CONTINUACIÓN

CATEDRAL DEL LABERINTO ESMERALDA: Era una mansión abisal, de tres gárgolas vigías custodiando un laberinto inextricable de la orden el fuego su espejo; guarida y morada de corceles centauros, la flor de Hércules crecía de una luz lejana, sigilosa y eterna, crecía de aquel inframundo un olmo eterno guardián, todo hojas en ojos en llamas, viborillas por ramas. Hidras y Esfinges, como Medusas avisaban con su acecho yerto del peligro, refugiaba, aquella guarida maldita que hasta dioses temían surcar. Aquel bosque umbrío de laberinto, era de aguas azabache y brea encendida. Poso de almas errantes y jinetes difuntos, todo servía a la sed de sangre, en esta fortaleza se custodiaba la llave de la virtud jamás enseñada mas había... FÖRÜQ Miguel Esteba II Más había un cerro las almas condenadas, en su cima era de nieve roja, sangre congelada allá germinaban las semillas del mal y odio resplandeciente, su deshielo alimentaba el río la Estrida tiniebla. Toda bestia aguardaba el regreso de Perséfon...