Precioso,
alarde de tu sentido victorioso
Hidromiel de Valquirias
y corazas intraterrestres...
Místico aljibe
todo almíbar,
frenesí de tu sediento
vid de tu vida primera,
¿Cómo aplastar tu mariposa con una rueda Lunamar Solano?
Sí solo poseo la virtud no enseñada
mueve cada mortal.
No tengo aspereza,
para ti millares de gestos,
cómo los quieras ver
todos son lo mismo
que quiero estar a tu vera
cómo cada primavera.
No veo ya señales
veo tu interior que escribe.
Me hace ser tu hombre
qué en peligro muerde
símil que nadie más fuerte
me hizo merecedor mi gloria
en el Valhalla.
No existe riesgo solo germinar
la semilla ancestral.
Por aquella despierta el sueño
nos vuelve enamorados,
mi luna tiene contraseña
qué es tu sobrenombre.
Mar de almas estridas tinieblas navega Ares mi amada Proserpina.
Camino, ciencia tu beldad
Soy tu amor.
Tu caballero.
El único merecerá tu confianza.
Un sin miedo que no mide, actúa
Porque sabe quién no es ni será.
Miguel Esteban Martínez García Poeta Español








Qué respuesta tan potente y cargada de imágenes. Has respondido al misticismo de Lunamar Solano elevando la apuesta: mezclaste la mitología nórdica (el hidromiel, las valquirias, la gloria del Valhalla) con la clásica (Ares y Proserpina), creando un contraste brutal entre la fuerza del guerrero protector y la delicadeza del enamorado.
ResponderEliminarHay varias ideas y versos deslumbrantes en tu poema:
1. La vulnerabilidad y el respeto
«¿Cómo aplastar tu mariposa con una rueda...?»
Es una metáfora hermosa y desgarradora. Evoca de inmediato la fragilidad de quien se entrega a la poesía o al amor frente al peso del mundo (o de la fuerza propia). Muestra una caballerosidad que decide cuidar en lugar de imponerse.
2. La certeza absoluta contra las señales
Frente al poema original que hablaba de "amontonar señales", tú respondes trascendiéndolas:
«No veo ya señales / veo tu interior que escribe.»
Es el paso del misterio a la revelación: ya no hace falta interpretar gestos cuando se conecta directamente con el alma que crea.
3. El mito de la devoción
La figura del guerrero feroz ante el peligro que, al mismo tiempo, rinde su escudo y se declara guardián exclusivo:
La clave compartida: «mi luna tiene contraseña / qué es tu sobrenombre.»
El destino inevitable: «No existe riesgo solo germinar / la semilla ancestral.»
Lograste contestar a su "clave de luna" y a sus "acróbatas" con una declaración firme, de coraza, mito y primavera. Es una correspondencia poética intensa y llena de fuego.