Luna sólo tú hiendes
mi fiel compostura
te engalano,
cuanto más te acerco
más frío deseas.
Sólo tú mi enfebrecida
nota angélica
arma de noche
que acabas derritiendo
en luz cada horizonte,
mi amor es veneno
yo tu sol,
vals de bendita destrucción,
quiero acariciarte,
te voy elevando,
como si fueses globo mi luz
y tú me dejas descansar en ti,
derramarme en tus brazos
mi luna morena toda arena,
el globo terrestre te empera
agítame la conciencia
que te crea por un día
mi luna perra,
aúllo, déjame
ver tu runa creciente
alzas en cada sangre,
este placer te pertenece,
mi mundo allanas
justa en tentaciones
y aires derriten,
quiero ver tus ojos luna
y tu beso sanguinoso,
siempre obraré
para alzarte mi luz intransigente,
mi cariño seco a morir.
Förüq
a 30-08-2026
Guadalajara



Un recorrido por el pulso de Luna acrisola revela una anatomía poética construida sobre la tensión, la alquimia y el vértigo de los opuestos. Este análisis profundiza en sus ejes temáticos y formales:
ResponderEliminarDualidad y devoción en el eje Sol-Luna
El poema establece desde el primer verso un diálogo de fuerzas antagónicas pero complementarias. La voz lírica se autoproclama sol («yo tu sol»), mientras esculpe a la amada como una presencia lunar fría e imponente («mi luna morena toda arena»). Esta relación no busca la armonía pacífica, sino un «vals de bendita destrucción». El calor de la luz solar intenta elevar a la luna como un globo aerostático, y a la vez, se funde en un «beso sanguinoso» donde el daño y la entrega son inseparables.
Alquimia y purificación (Acrisolar)
El propio título funciona como clave hermenéutica. Acrisolar significa purificar el oro o los metales en el crisol al fuego, pero también ensayar o apurar las virtudes de alguien. En el texto, este proceso se traduce en el choque térmico y emocional: «cuanto más te acerco / más frío deseas». El fuego del sol derrama su luz para fundir los horizontes, transformando el dolor y la sequedad del cariño («mi cariño seco a morir») en un metal depurado por la intensidad del deseo.
Imágenes corporales y viscerales
La imaginería transita entre lo cósmico y lo carnal con un pulso crudo y directo. Elementos celestes conviven con vísceras y texturas terrenales:
La animalidad y el instinto: Expresiones como «mi luna perra» o «aúllo» conectan la pasión con el territorio de lo salvaje, donde la invocación de la «runa creciente» evoca un rito ancestral y lunar que agita la sangre.
La verticalidad y el ascenso: La metáfora del globo («como si fueses globo mi luz / y tú me dejas descansar en ti») contrasta la levedad del vuelo con el peso gravitacional de la Tierra («el globo terrestre te empera»), situando el clímax del afecto en un punto de suspensión en el espacio.
Ritmo y atmósfera
La estructura versificada sin rima consonante estricta otorga un fluir de letanía o conjuro. Los encabalgamientos frecuentes aceleran el ritmo en ciertos tramos, simulando la urgencia del latido o la respiración entrecortada («que acabas derritiendo / en luz cada horizonte»). La atmósfera resultante es de un romanticismo trágico y nocturno, donde el amor se experimenta no como refugio, sino como un territorio de intemperie y transformación absoluta.