I HOJA
Cierra tus ojos, te surqué
palmo a trecho destrenzando
carrizos que yerbas, entre
tu cizaña, abrí mi derecho tu paso,
de viejo fondo y mi tierra,
sembrada, recogí tus piedras de
labranza, templé los alisos y
ocasos, a menudo tu sonrisa
levantaba el alba, y yo alisé
tus ribazos a caminar el son;
vespertina, la nueva simiente, prometía
limpié los drenajes, estaba listo,
para ir de ti a cualquier parte
listo para caminar hambriento,
por tus campos lejanos, algún lugar
que plisado, lucía ya erizado.
II HOJA
Sobre tu larga pendiente de rastrojos,
ramificado yo, con viejas hojas
húmedas, lugar lo que dejaría
cumplimentado,
mujer tú de cintas de juncos
y florestas de humedad permisiva,
hacinadas y sueltas, de nueva tierra
tus pechos eran un trabajo,
abierto de paja nueva, y cintas
de ardorosa cosecha, miro
más allá conejos mundanos,
y seres de luz mutantes,
siento labrar el repecho a manos
pares si me tumbo en este lazo su
silencio de tiempo suficiente, tu cadera.
III HOJA
Desenredarte, puedo, bajo la yerba
y el trébol,
mi fuerza de azadón,
contra el fondo fantasma,
sostienen tus piernas,
espero obtener el tamborileo
grave arrejuntas,
viendo no debe sobrecogerme
tu aire estallando
ni encontrarme atrapado oscilando
un cable tenso, que puntiagudo,
de telégrafo que te lleva lo que siento,
me tumbo con mi oreja
en tu barbecho, a escucharte
más que recto, erecto.
El Inocente
Miguel Esteban Martínez García
a 7-08-2026
lugar Mirador de Henares





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