Acto primero.
No trabajo
ni escribo por amor al arte.
Soy mercenario mi verso.
Yo no figuro muso de quien amo.
Una fantasma
que de coraza inextricable.
Denomina su anonimato.
Mi amor al arte
es materia más compleja
y profunda,
como una gota de rocío
cayendo por el cable invisible un pétalo.
Sí. Dos.
Soy mercenario,
la naturaleza mi verso.
Afán insobornable.
Belleza madre incansable.
De impresión inmortal.
Esencia cantan deidades.
Madre heridora de beldad arcana.
De amor primigenio, natural,
late mi verbo.
Piedra mi arcano
candente de silencio ardido.
Piel con piel,
corazón bebe mi sangre.
Eje cauce, ritmo consonante.
Lo que amo,
poesía.
Mi valquiria me consienta.
A rayos indescriptibles de letra.
Mercenario a ejecutar que servir
impresión de belleza
y su afluyente en letra.
De sones mineros,
repiquetea mi verso.
Desdén de bardos.
Y ningunos hombres.
Besos de hoguera helada.
Con antídoto secreto,
vaines de espigas rojas.
Y oro trigo subliman
mis sentidos ávidos.
Constelación de un amor.
Fiero, cisne, estrella del norte.
Comunión de cruz celeste.
De fulgor irascible
marca mi nascimiento en Sumun.
De ascuas, espinas,
de jardines redentores.
Por la raíz de la endrina avanzo.
La tierra fértil,
no quiero desmenuzar tiempos insomnes
ni impresiones perpendiculares
al baile los astros. Conciben.
Mi misión otorgada,
dispuesta bajo libertad inicial. Personal
de lobo que no aullaba por hambre.
Aroma a hojarasca mojada.
Sobre tierra húmeda.
Solo deseo ser hoja.
En baile de las Parcas hiladoras.
Desde que obtuve conciencia observé,
no nació ningún ser
pudiese arrebatar mi fuerza vital ni versal.
Oh, Mercurio,
medio vivo, medio muerto.
Sol de todos. Soles.
Allana mi camino
porque nací para el tercer reino. Animal.
Acto sexto.
Impresión Fausta al ver
bondad, gentileza, generosidad
honestidad, fiereza cadencia
hilación, desempeño
rico en paradoja, recursos
supremos, el Aria
raza la letra,
dictan deidades
devenires a los hombres
desplazando cerros,
moviendo montes
abre el azur caelis
a la luz de una lámpara
de aceite escribo,
allá la luz,
su araña de cristal,
un parco destino de mis huestes
que cruzan el destierro
al Gamle Grá.
El Inocente














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