No hay razón para esconderse.
rige un sol negro,
clarín entona sin miedo,
su aire sin fin,
dime que empieza
y no termina,
tu velo, pieza de cielo a tierra,
vuelo de pañuelo
o agua azul mi llanto.
Arrancara al pájaro su lira
que valiente entona su música
apenas sones,
en profundidad de noche joven,
corazón mío,
de redonda simetría,
derecho que su latir motiva,
vida, verdad que guía
altísimo sueño,
en hondo pensamiento,
alma mía
ya siente alzarse fino hueso
a firmamento.
¡Oh, de alma acompañada!
Cerca de dioses y algún hada verde,
otoño crecido, no soy olvido,
recuerdos fueran dolor en boca,
mirad de corazón en terneza sembrado,
el primer sueño apenas vencido,
suspiro interno
suave silencio helado
de la fuente
en luz asidos
a un amor claro, oscuro y eterno,
blanco musgo,
donde el beso impera,
como beso alado,
ahincas la varia estrella,
despertando fauces que colores.
Förüq castellano Miguel Esteban






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